Tuve varias pesadillas esa noche, no podía seguir dando vueltas, tenía que pararme de ahí. Me desperté con miedo de estar sola y aun así sentía que tenia que sacudirme las imágenes y las voces de las personas que había conocido durante la noche, me pasa a veces que siento como si llevará una doble vida, la de la vigilia y la de los sueños. Me levanté con esa sensación que he tenido frecuentemente en estos últimos días: la de total aplanamiento, la de cansancio, como si hubiera pasado toda la noche despierta
Busqué el reloj por costumbre pero ni siquiera lo miré, en mi cabeza eran las 5:30 am y eso era suficiente. Me bañe, me vestí y me fui sin desayunar, en menos de media hora estaba en la calle, sola y en silencio. Todavía estaba la luna allá arriba y las estrellas claras, todavía estaba esa luz amarillenta e insuficiente de los postes de la calle que a mi tanto me gusta. Abordé el jeep que todos los días me deja en Cali, fui la ultima en subirse de las 10 personas que le cabe a ese anacrónico transporte. Les quise ver la cara a mis vecinos pero no reconocí ninguna, definitivamente no eran las mismas que me encontraba siempre, estas eran de personas de mediana edad, tristes, silenciosas y medio dormidas. Recordé que las estadísticas…que los horarios de “la clase obrera”…que mis padres tenían la esperanza de que yo no tuviera que cumplir una rutina igual, que ciertamente es muy dura.
Al llegar a la octava de Alfonso López ya me había dando cuenta del error, ya me había reído y frustrado al mismo tiempo, no eran las 5:30 cuando me desperté, pero ya era absurdo devolverse. Así que me encontraba esperando que pasará la primera “blanco y negro 6” de todo el día, estrujando un billete de 20.000 pesos en mi mano derecha, única riqueza para toda la semana que se consumiría en pasajes, almuerzos y eventuales caprichos, cuidándome de cualquiera que invadiera por pocos centímetros mi espacio personal,… a las 5 de la mañana de un trágico Lunes (todos los son), sabiendo que el “Señor del bus” (por que siempre es un señor) me iba a regañar por no tener los 1.400 sencillos, que según mis cálculos iba a llegar 1 hora y cuarto más temprano que el resto de mis compañeros (yo, famosa por ser siempre la ultima en llegar), que sería la hora y cuarto mas aburrida de mi vida…,no me quedaba otra cosa más que reírme de la ironía o pensar que en realidad me había quedado dormida y seguía enredada con los malos sueños, pero entonces ¿como explicar que tuviera tanto frio y el cabello destilando agua color “rojo 388 de Igora” ?.
45 minutos más tarde estaba sentada en el andén del psiquiátrico esperando que terminara de salir el sol de entre los fierros retorcidos de la estación del Mio a medio construir. Metí las manos en los bolsillos y me acordé de una canción de los comienzos de una cantante que ahora es una “vendida” y como casi siempre que pienso en música o en cine me antoje de un cigarrillo, pero deseché la idea por irrealizable y esa manía mía de llevarle la contraría a la gente y ser consecuente con lo que digo: hace mucho tiempo decidí que no fumo, en mi lista hay muchas más cosas en contra que en pro para eso.
Me aburrí del frio, me cansó que los ayudantes de los buses que pasaban me gritaran cosas que yo apenas alcanzaba a entender y me asustó la proximidad de un indigente que vaya a saber por que se paró detrás de mí por escasos 3 segundos. Entonces me puse a caminar en dirección al batallón para matar el tiempo, porque caminar es de las pocas cosas que no me da flojera...
Busqué el reloj por costumbre pero ni siquiera lo miré, en mi cabeza eran las 5:30 am y eso era suficiente. Me bañe, me vestí y me fui sin desayunar, en menos de media hora estaba en la calle, sola y en silencio. Todavía estaba la luna allá arriba y las estrellas claras, todavía estaba esa luz amarillenta e insuficiente de los postes de la calle que a mi tanto me gusta. Abordé el jeep que todos los días me deja en Cali, fui la ultima en subirse de las 10 personas que le cabe a ese anacrónico transporte. Les quise ver la cara a mis vecinos pero no reconocí ninguna, definitivamente no eran las mismas que me encontraba siempre, estas eran de personas de mediana edad, tristes, silenciosas y medio dormidas. Recordé que las estadísticas…que los horarios de “la clase obrera”…que mis padres tenían la esperanza de que yo no tuviera que cumplir una rutina igual, que ciertamente es muy dura.
Al llegar a la octava de Alfonso López ya me había dando cuenta del error, ya me había reído y frustrado al mismo tiempo, no eran las 5:30 cuando me desperté, pero ya era absurdo devolverse. Así que me encontraba esperando que pasará la primera “blanco y negro 6” de todo el día, estrujando un billete de 20.000 pesos en mi mano derecha, única riqueza para toda la semana que se consumiría en pasajes, almuerzos y eventuales caprichos, cuidándome de cualquiera que invadiera por pocos centímetros mi espacio personal,… a las 5 de la mañana de un trágico Lunes (todos los son), sabiendo que el “Señor del bus” (por que siempre es un señor) me iba a regañar por no tener los 1.400 sencillos, que según mis cálculos iba a llegar 1 hora y cuarto más temprano que el resto de mis compañeros (yo, famosa por ser siempre la ultima en llegar), que sería la hora y cuarto mas aburrida de mi vida…,no me quedaba otra cosa más que reírme de la ironía o pensar que en realidad me había quedado dormida y seguía enredada con los malos sueños, pero entonces ¿como explicar que tuviera tanto frio y el cabello destilando agua color “rojo 388 de Igora” ?.
45 minutos más tarde estaba sentada en el andén del psiquiátrico esperando que terminara de salir el sol de entre los fierros retorcidos de la estación del Mio a medio construir. Metí las manos en los bolsillos y me acordé de una canción de los comienzos de una cantante que ahora es una “vendida” y como casi siempre que pienso en música o en cine me antoje de un cigarrillo, pero deseché la idea por irrealizable y esa manía mía de llevarle la contraría a la gente y ser consecuente con lo que digo: hace mucho tiempo decidí que no fumo, en mi lista hay muchas más cosas en contra que en pro para eso.
Me aburrí del frio, me cansó que los ayudantes de los buses que pasaban me gritaran cosas que yo apenas alcanzaba a entender y me asustó la proximidad de un indigente que vaya a saber por que se paró detrás de mí por escasos 3 segundos. Entonces me puse a caminar en dirección al batallón para matar el tiempo, porque caminar es de las pocas cosas que no me da flojera...

2 comentarios:
COMENTARIOS DE LA ENTRADA ORIGINAL
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dynamo http://www.blogger.com/profile/04878085542394578728
Hola, Recuerdo exactamente la primera vez que pisé un psiquiátrico en mi vida, fue hace cuatro años por cuestiones de Universidad, aunque ya quisieran muchos verme ahí pero por otras cosas jejejejeje, me fascinaba, con cierto morbo, cada centímetro de ese lugar, de la misma manera que me atrae cada centímetro de un cementerio.
Esa vez fue un miércoles de Julio de 2003, al igual que tú me levanté temprano, pero con la diferencia que el psiquiátrico me quedaba a 15 minutos a pie desde mi casa y siempre me gustaba llegar temprano para ver desde el momento en que les servían el desayuno hasta el almuerzo.
En ocasiones me hacia el pendejo y me quedaba ahí pasadas las 2pm, no podía quedarme mas tiempo porque a las 3pm debía estar en otro sitio parecido, un centro geriátrico, no voy a meter los problemas éticos del confinamiento de una persona a una institución al servicio del control social, pero si mencionar los sentimientos encontrados que me daba al entrar a ese sitio, siempre me hacia las mismas preguntas, ¿Por qué están ahí?, ¿Cómo era su vida? ¿Iban a fiestas?, ¿Tenían pareja?..y sobre todo la que mas me retumbaba en la cabeza ¿En que momento justo se le desarrollo la desconexión con la “realidad”?.
Me gustaba oírlos hablar, redactar los informes de seguimiento al estilo novelesco, de nada servían los regaños de la docente al decirme que no estábamos en clase de literatura y/o redacción…desde ese momento ya me imaginaba el trato que esa persona le daba a los pacientes lo cual pude comprobar en repetidas ocasiones, creando en mi una situación de impotencia por querer levantarme del puesto y gritarle en que consistían los delirios que presentaba durante la crisis, el paciente no tenia la culpa de tener en frente a una burra que no sabia un culo sobre mitología griega……..son de esas cosas que uno se pregunta ¿Cómo entró esa persona a trabajar ahí?....anyway,
Me gustaba interpretar los delirios con base a las historias clínicas y a lo que iba leyendo en ese entonces, Freud, Lacan, Jung, Pichon – Riviere…..era un verdadero banquete académico que degustaba, por lo general solo, y acompañado en ocasiones por una de mis buenas y tolerantes amigas que tuve durante la carrera. Es una experiencia muy perturbadora, pero es precisamente ahí es donde se aprende que la línea entre la cordura y la locura es del grueso del cabello de un bebe.
Me excedí………..esperaré la segunda parte.
Bye
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Absurda http://www.blogger.com/profile/18036518736256841399
Hola Dynamo:
Gracias por compartirme esa experiencia, no te preocupes por la longitud del comentario que es lo de menos :D
Mi visita fue...diferente, por mucho. Pero de eso les hablaré proximamente.
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Don Ramón http://www.blogger.com/profile/03569200274815531524
La verdad nunca en mi vida he ido a un psiquiátrico pero espero algún día poder hacerlo, he tenido varias salidas pero la que más me gusto fue la vez que fui a la cárcel distrital, fue una experiencia muy enriquecedora.
Pa´cuando la segunda parte?
pues hombre, emmmm..., cindy, el indigente era tu angelito de la guarda.
juaaaajajajaja,
mentiras, es que de seguro le oliste muy bueno.
un abrazo.
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