ES ALTAMENTE PELIGROSO PARA LA SEGURIDAD NACIONAL

Yo me declaro totalmente de acuerdo con que eliminen a todos los narco-hipopotamos que ponen en riesgo la vida de las personas... que acaben con los para-hipopotamos, los guerrillo-hipopotamos los uri-hipopotamos y todos esos hijuepopotamos...!!!!
Siempre y cuando dejen a los animalitos inocentes en paz.
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Armando de Jesús Pineda, de 29 años afirma que los encargados de la cacería mintieron para evitar la oposición de los campesinos que convivían con el hipopótamo.
"Cuando les pregunté a un soldado del Batallón Calibio y a una funcionaria de Corantioquia el por qué del despliegue de gente que rodeaba un caño donde se la pasaba 'Pepe' los dos me respondieron que lo iban a capturar para trasladarlo a un hábitat más adecuado para él".Así comienza el relato de Armando de Jesús Pineda, un humilde pescador, de 29 años, quien, al igual que sus vecinos del corregimiento Puerto Murillo, en Puerto Triunfo (Antioquia), asegura que los encargados de la cacería mintieron para evitar la oposición de los campesinos que convivían con el hipopótamo.
El animal, de casi 2.000 kilos de peso, fue uno de los dos hipopótamos que hace dos años se fugó de la Hacienda Nápoles que el extinto capo Pablo Escobar tenía en Puerto Triunfo, a más de 150 kilómetros.
Cubriendo su nariz para evitar el nauseabundo olor que emana del hueco donde enterraron parte del hipopótamo sacrificado, en cumplimiento de un proceso llamado 'permiso de caza de control', Armando contiene el llanto para contar que el animal cayó a escasos 10 metros del río Magdalena. (...)
"Cuando les pregunté qué iban a hacer me contaron que lo iban a sedar para llevárselo para el zoológico de Barranquilla. Como a mis amigos y demás pescadores les dijeron lo mismo confié en la palabra de esos señores", dice el padre de dos niños.La versión de Armando coincide con la de 'El Mono', como le dicen al administrador de la finca donde murió el hipopótamo, y quien no oculta su desconcierto por lo que sucedió.
"Cuando llegaron a la finca ese montón de soldados y la gente de Corantioquia me engañaron. Les facilité todo para que ellos trabajaran y mire como nos pagaron a quienes ya estábamos acostumbrados a 'Pepe' ", indica 'El Mono'.
"Nos engañaron a todos y eso es lo que más rabia me da. Les colaboramos para que lo cogieran y sorpresivamente lo mataron. Les advertimos que desde ahora nos convertimos en los defensores de la hembra y la cría que estos animales tuvieron en esta zona y si los localizamos no les vamos a decir (a Corantioquia) donde están", dice Pineda.
Consternación generalizada
En el caluroso caserío la indignación es total. Desde Roberto Sánchez, el pescador más veterano, con 85 años, hasta Mónica, una niña de escasos tres años, lamentan la desaparición del hipopótamo.
Acostado en una hamaca a la orilla del río Magdalena Rodrigo Sánchez, mira con nostalgia hacia el agua y asegura que siente la muerte de 'Bobo-grande' -también le decían así- como si fuera una persona.
"Ese animal nunca se metió con nosotros y llevábamos dos años conviviendo con él. Nos es cierto (como lo justificó Corantioquia) que era un peligro para nosotros pues muchas veces nos seguía como si quisiera jugar pero nunca nos atacó. Siento su muerte como si fuera la de una persona", cuenta Rodrigo.Sentada en su frágil vivienda de desgastada madera llena de orificios el antiguo pescador Roberto Sánchez narra que en varias oportunidades estuvo a menos de 20 metros del animal que, según él, nunca lo atacó.
"Ya no le tenía miedo porque se hacía al lado de las canoas cuando pescábamos de noche. Extraño su 'resoplido' y el movimiento de sus orejitas. No tenían porque matarlo", dice el octogenario que en su rostro denota el dolor por la pérdida del animal.Mientras se conocía la noticia de que Corantioquia podría reversar la orden de matar a los otros dos hipopótamos que habitan en esta región del Magdalena medio, si se encuentra un lugar adecuado para ellos, los pescadores de Puerto Murillo ratificaron su intención de defender y, si es necesario, ocultar a los dos animales que merodean por los caños vecinos. (...)
Félix Leonardo Quintero
Enviado Especial EL TIEMPO
Puerto Berrío, Antioquia
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